
Todo empezó un viernes 13. ¿Todos nos dimos cuenta?
Ese mismo día nos informaron que, a partir
del lunes, todos trabajaríamos desde casa.
Aliviados, cada quién partió esa tarde,
pensando que nos volveríamos a ver “soon enough”.
Es curioso como nadie imaginó lo que estaba por venir:
- El 17 de marzo, la universidad confirmó que la sesión de invierno se completaría a distancia.
- El 19 de marzo, Canadá cerró sus fronteras, incluyendo las americanas.
- El 24 de marzo, JC y yo perdimos “temporalmente” los trabajos. Sí, el mismo día.
- El 25 de marzo, cancelamos nuestro viaje a Perú.
- El 29 de marzo, Mr. Brightside llegó a nuestras vidas. Subirse a un bus (o al metro) no era más una opción.
- El 30 de marzo, varios colegas de Pancho informaron a la compañía que estaban infectados.
- El 31 de marzo, todos fuimos a hacernos el despistaje. Los resultados fueron negativos.
- El 10 de abril, JC, Francisco y yo aplicamos a un beneficio instaurado por el gobierno canadiense, para aquellos que perdieron el trabajo por causa del virus.
Este hermoso país continúa cuidando de nosotros. Estamos todos muy agradecidos de vivir aquí, durante esta crisis mundial sin precedentes y nuestros corazones se hacen chiquitos cada vez que tenemos noticias de Perú. Detalles sobre la situación tan difícil por la que están pasando nuestros familiares, amigos… el país en general.
A la fecha, Canadá tiene 74,613 casos confirmados, 41,420 están en Quebec (la provincia en la que vivo) y 21,038 en Montreal (mi ciudad).
Si me preguntas como es vivir en el epicentro de la
pandemia en Canadá… te diría que, en su mayoría,
manejable.
En casa, tomamos las medidas necesarias para protegernos
cuando salimos. Ya saben: mascarillas, gel desinfectante, distancia social…
El no tener que depender del transporte público también
es un plus, y que solo Pam continue trabajando (desde casa) también reduce
enormemente el riesgo.
Tratamos de mantenernos entretenidos, aprendiendo todo
lo que podemos, por internet.
Pero si el confinamiento es difícil… el no saber cuándo
terminará, lo es aún más.
Dicen que todo esto es parte de una conspiración para
colocarnos chips y mantenernos controlados bajo la excusa de una vacuna
salvadora… ¡Ha! A estas alturas micro-chipeame todo lo que quieras, la privacidad
está sobrevalorada. Sobre todo, si perderla implica volver a vivir…a viajar, a saltar
en conciertos, a beber en público y sí… a volver a abrazar a los que queramos
volver a abrazar.










