Los seres humanos hemos vivido en comunidad desde tiempos inmemorables. Antes más que ahora, parecía funcionar. Todos veían por todos.
Sin embargo, algo nos pasó. Nos volvimos más privados, territoriales o simplemente nos dimos cuenta que caminar en calzones por la casa es uno de esos placeres al que nadie debería renunciar.
De pequeña vivía con mis padres y mi hermana. Éramos, lo que se podría considerar, una célula típica de la sociedad.
Hoy por hoy, la suma de los factores no ha alterado el producto.
Somos una familia. Y aunque la manera en la que hemos decidido abrirnos paso en la vida parezca atípica, nos funciona. No porque seamos cinco, sino porque somos uno.
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